Recomiendo poner la canción, ya que con ella escribí estas líneas.
Oigo crujidos, un sollozo, un violín del que emana una nota rasgada, que hace que mis poros lloren emoción. Mientras, camino palpando las paredes por el pasillo oscuro -ese que me es tan habitual- en el que no se ve final, ni a un lado ni a otro de él; no obstante, yo ya lo conozco.
Tras el cese de mi andar, cesan de igual manera los sonidos que previamente escuchaba y todo se queda congelado.
Me apoyo en la pared y dejo caer mi cuerpo muy lentamente, y conforme mi espalda va deslizándose hacia abajo, pienso en cómo he llegado aquí (otra vez).
Mis ojos se paran a observar el suelo y mis párpados quedan semiabiertos entre la penumbra.
Entonces, un leve chisporroteo de vida, un halo de luz a penas perceptible ilumina un fondo del pasillo, y creo oír una voz.
Mis oídos se agudizan y cada vez puedo oírlo más y más dentro de mi cabeza, atormentándome.
La curiosidad tira hacia arriba de mi cuerpo y me empuja más allá de lo que conozco, pero yo estoy cansado.
La fatiga se adueña de mi cuerpo y me hace caer, así que voy a rastras hacia tí. Pero hay algo mal, en el suelo hay cristal roto; el mismo cristal de los crujidos, y yo no puedo andar.
Y ahora sangran mis manos, igual que tinta sangra mi alma.
Cuando el espacio entre nosotros es de unos pocos metros, me doy cuenta de que estas manos heridas y con callos, de que estas dos herramientas y compañeras de viaje chirrían, de que estas dos misas manos que a penas se aguantan unidas a estos brazos, torso, mente y alma, no piden mucho;
solo quieren sostenerte, mecerte y afinarte, hacerte sonar.
Que si me vas a arrancar un trozo de mí, yo te arranco una melodía, una simple página para iluminar mi camino pedregoso

awesome
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