La hoguera consumía sus últimos minutos de vida mientras el calor que esta desprendía por toda la habitación se batía en duelo con la fría presencia del hombre que había en la cama; hombre si llamársele como tal se pudiera, pues los demonios que chocaban entre sus sienes le habían convertido en un ser horrendo, un vago esbozo de lo que antaño fue conocido como El Gran Kraatzer, azote de los Äemtei.
Haggard miró con sus viejos y empañados ojos al retrato que colgaba sobre su antigua espada. Viejos ojos azabache que habían visto de todo, y la mayoría de las cosas que se grabaron en su retina no se las deseaba ver a nadie. En el instante en que logró enfocar la vista de manera adecuada una leve mueca se dibujó en su boca; una mueca que bien podría ser un leve indicio de una sonrisa, o todo lo contrario.
Era la luz,era Elda. Haggard aún mantenía sus cosas como ella las dejó, como esperando verla entrar por la enorme puerta de madera de nuevo a la hora de siempre. Ni todo el oro que consiguió tras la guerra ni los títulos ni los galardones pudieron llenar el vacío que ella dejó en su interior. Una de tantas víctimas, una de miles, de cientos de miles, pero solo una; ella.
Al bajar los párpados sus embriagados sentidos le crearon una dulce imaginación. Creyó oír una voz...
- Entonces, ¿me llevarás a ver el lago Svon, Haggy?
Haggard abrió los ojos bajo un árbol en medio de una soleada pradera. Miró sus manos y se dio cuenta de que las arrugas, su pelo grisáceo y las cicatrices se habían evaporado junto con el fango, el frío y las nubes de su tierra natal. El mismo sueño por enésima vez. Al principio se asustaba al verla y salía corriendo, o simplemente se despertaba bruscamente. Otras veces desaparecía justo antes de tocarla y él se despertaba gritando, pero cuando tienes el mismo sueño durante tres décadas todas las noches acabas tranquilizándote. Onírica tortura.
- ¿Hola? ¿Me oyes? No te embobes tanto mirando los árboles, estoy aquí.
Elda cogió su mano y se la colocó en la mejilla. Cuando Haggard la vio sonriéndole se sintió joven de nuevo; al oler el suave perfume de su cobrizo cabello creyó enloquecer.
- Ya sabes que a tu padre le caigo peor que el diablo. Aún no me ha matado porque mi padre sigue cocinando el mejor pan de la ciudad y tu padre es un gordinflón. Por mucho que le felicite por la increíblemente hermosa hija que tiene jamás conseguiré que no se le vaya la mano al puñal cada vez que te miro y él lo ve o que pase por su lado.
Ambos rieron y Elda posó levemente su mano sobre la de su amado, fuerte y robusta. Haggard la miró y se disponía a besarla cuando le puso el índice sobre el labio y le dijo al oído de un susurro:
- Por mucho que ese viejo gruñón te odie yo te querré igual. Haggy, pasaré mi vida a tu lado.
Al decir esto la tierra comenzó a resquebrajarse bajo sus pies y a rugir con la fuerza de un terremoto. Echó a correr como alma que lleva el diablo y cayó en una grieta que se abrió al instante en que dejó su peso sobre una piedra. Todo se volvió negro y vacío. Mientras caía, el ruido de la tierra al agrietarse se sustituyó por un 'noc noc', 'noc noc'. Creía que era su corazón, pero entonces la puerta se abrió tras ser derribada con la mínima delicadeza por uno de sus soldados.
-¡Señor, señor! ¡La zona este de la muralla está siendo atacada!
- Estás loco muchacho -dijo Haggard aletargado-, ¿para qué tenemos centinelas? Si hubiera alguien atacando ya estaría toda la ciudad en alerta.
-Ese es el problema, señor, no han visto nada. Nadie los ve pero la muralla se está desmoronando poco a poco desde la base. Me han dicho eso. No se ha dado la señal de alarma para que no cunda el pánico, porque, ¿pánico a quién, a qué?
- No... Ya no quedan Äemtei, no es posible que... -tos- No es posible eso que estás diciendo. Ve a comprobarlo muchacho.
-Pero la ciudad es enorme, tardaré un buen rato en comprobarlo y...
Haggard levantó de un golpe las sábanas con el ceño fruncido y el joven soldado estremeció al ver lo que había bajo ellas.
- ¡Si no me hubiera dejado la vida y las piernas en protegeros a tí y a toda la ciudad iría yo mismo!
Este blog está dedicado a mis escritos. Tanto si te gusta cualquier texto como si no, agradecería que escribieses un comentario con tu opinión y crítica, ¡ayuda, eh!
martes, 31 de diciembre de 2013
sábado, 28 de septiembre de 2013
Sal & Sangre
Estás aquí, a mi lado, con la cabeza recubierta por una
bolsa opaca de tela negra, maniatado a una silla y totalmente a mi merced.
Tu cuerpo no es inerte por decisión mía, tu corazón sigue
latiendo y tus nerviosos suspiros entrecortados emanan de tu boca porque así lo
dicto.
Tus gritos solo alimentan mi insaciable y demoníaca sed de
sangre, surgida del más oscuro e inhumano de mis adentros. Te haré un breve
resumen de tu porvenir: Serás desnudado y te haré creer que el hielo quema y las
brasas son capaces de mojarte. Menguaré tu moral hasta que creas que tu propia
madre podría ser la culpable de tan trágico acontecimiento.
Decidí no amordazarte para que te desahogaras y entrases en
calma; tendremos todo el tiempo del mundo para divertirnos. Serás mi muñeco, mi
títere.
Ahora mismo te tengo encerrado entre mis garras y por mucho
que lo niegues o desees que no ocurra, tu existencia y tu camino acabarán aquí. Tu lenta agonía quedará plasmada en estas cuatro paredes pincelada a pincelada.
Cada palabra, cada burla y cada acto denigrante serán
cosidos en tu piel con mi acero. Hundiré mi puñal en agua, acto seguido en sal
y comenzaré con tu “retoque”.
Te perfilaré y modelaré como el mejor de los escultores;
haré de ti una obra de arte, con mi sello y distintivo.
Derramaré con total pasividad y parsimonia cera caliente
sobre tu cuerpo hasta que me jures en hebreo que eres hijo de un rey con la
cabeza entre las nalgas
y que posees tierras en Marte.
Una vez ya hubieras deseado no haber nacido te quitaré
aquello que impide que mis ojos se claven en los tuyos –que gritarán
misericordia y compasión- como alfileres al rojo vivo sobre tu pecho y te juzguen
con total autoridad.
Cada vez que excuses tus actos te cortaré un dedo, cada vez
que llores, me hables de tu familia o de que lo sientes, tendrás la misma
fortuna.
El último plato será el más apetitoso de todos: mi puñal
–también al rojo- deambulará a escasos centímetros de tu cuerpo, rozando tus
heridas repletas de sal para hacerte dudar de cual será mi último paso.
Sacaré tus ojos de sus cuencas como si estuviera destapando
una botella de champán; saldrán disparados y ya habrás perdido todo atisbo de
cordura. El metal candente al entrar en contacto con tus globos oculares emitirá
un silbido discreto, como el sonido de una gota de agua al caer sobre una piedra
humeante.
Y cuando me pidas a viva voz que te mate, que acabe con tu
mísera existencia y ponga fin a tu vida de gusano, te dejaré ahí, temblando de
miedo.
Podría volver en cualquier momento y hacerte mil cosas
peores, pero no te daré esa satisfacción. Caerá el velo de la muerte sobre tí, serás merced
del tiempo y de tu locura.
Ahora ponte cómodo. Viaje de ida.
-Tira al suelo la silla de una patada y se oye una risa haciendo
contrapunto a un gemido de puro terror-.
domingo, 28 de julio de 2013
Con M de Música
Melodías, música; mi aire.
El suave rumor de tu piel al ser rozada por mis dedos, que son puntas de diamante que recorren cada recoveco de tu tez haciendo sonar una a una todas tus historias. Tu sonrisa puede romper el acero más duro, arranca de cuajo acordes y palabras desde lo más profundo de mí; hace que llueva hacia arriba, que los pájaros enmudezcan y los árboles echen a andar. Y tu cabello al pasar entre los gélidos dedos del viento emite una leve sonata magistralmente tocada sobre un violín entre unas manos virtuosas. Con tacto, pero con maña.
Haces que me olvide de todo, de mí, incluso de lo que me rodea. Te escribo esto mientras me empapo de tí y pienso en embriagarme con tu dulce esencia en un intento de rozar las nubes, de entrar en éxtasis, de mecer tu cuerpo al son de tu risa. De hacerte sonar...
Bailaremos desenfrenadamente al compás de nuestros corazones algún ritmo asincopado cuando el fulgor de tus ojos me haga estremecer y hagamos añicos todo atisbo de timidez.
Bailaremos desenfrenadamente al compás de nuestros corazones algún ritmo asincopado cuando el fulgor de tus ojos me haga estremecer y hagamos añicos todo atisbo de timidez.
Y yo, preso de esos labios, moveré los míos para exhalar un:
"...Da capo".
Mientras nos acercamos, hay un crescendo y la música fluye de nuevo para que enterremos toda prisa por llegar a la doble barra final.
lunes, 22 de julio de 2013
8 Líneas
Si quieres ser mi musa ven y sélo sin excusas,
mientras prende fuerte el fuego bailaremos entre fusas.
Tras la luna seras tú lo más brillante del cielo
y mis dedos arderán abrasados por tu pelo.
Son las cuatro en mi reloj y el insomnio ya hace estragos.
Aunque estés lejos, nos acercamos, trago tras trago.
Y qué se le va a hacer si lo hago lo mejor que puedo;
escribirte estos renglones: mi mayor desasosiego.
mientras prende fuerte el fuego bailaremos entre fusas.
Tras la luna seras tú lo más brillante del cielo
y mis dedos arderán abrasados por tu pelo.
Son las cuatro en mi reloj y el insomnio ya hace estragos.
Aunque estés lejos, nos acercamos, trago tras trago.
Y qué se le va a hacer si lo hago lo mejor que puedo;
escribirte estos renglones: mi mayor desasosiego.
lunes, 24 de junio de 2013
Terror En La Noche
Mientras aquella noche
caminaba aturdido por las calles volviendo de una fiesta, el lejano bullicio
del gentío de las vías principales y el asfalto me arropaban y hacían de únicos
compañeros entre callejuela y callejuela de regreso a casa.
La ciudad latía a
medianoche; los pocos que osaban deambular por la zona que recorría se movían frenéticamente en dirección
a dondequiera que les deparara su porvenir.
Algunos vagabundos frotaban sus manos y se
hacían un ovillo mientras otros intentaban matar al frío invernal y algún que
otro recuerdo ya borroso con alcohol como arma. Todos tenemos nuestros
demonios: espinas clavadas en el alma que con el tiempo se asientan y clavan
cada vez más, que quizá nunca podamos arrancar definitivamente, que pese a
nuestro incansable esfuerzo jamás desaparecerán.
Cansado ya de andar me
paré en seco y mis ojos se perdieron en el cielo.
Miré y la vi, polvorienta, expectante, solitaria; único
amparo y guía de cuantos vivían con la botella como pareja, pues el cielo sería
su última parada.
De repente empezó a
llover, como si la luna hubiera escuchado las oraciones y llantos de los que
sufrían en silencio y, compareciente, se unía a ellos en un sollozo de grandes dimensiones.
Corrí cuanto mi evidente
embriaguez me permitió, hasta que encontré un sitio donde resguardarme.
Entré en un callejón con
un pequeño techado metálico y al girarme me inquieté.
Recordaba aquél callejón con
una puerta roja al fondo... yo ya había estado ahí antes. Tenía alguna imagen en
mente.
No sabía lo que hacía y me
dirigí hacia la puerta; tenía frío, mucho frío y llovía a cántaros. Mis pies
estaban húmedos y mis zapatos embarrados.
Creo que llegué a la peor
zona de la ciudad, maldición, ¿qué cojones hacía ahí?
Giré el pomo y las
bisagras chirriaron a medida que abría la puerta hacia dentro.
Había algo que me atraía y que me invitaba a entrar, que me resultaba cercano y familiar…
Cuando di los primeros
pasos al entrar la puerta se cerró de golpe y quedé literalmente a oscuras.
Rápidamente me volví a la
puerta pero no podía abrirla, parecía que la hubieran cerrado desde fuera.
No puede ser, no había
nadie en el callejón. Imposible.
Empecé a oír una voz a mis
espaldas y me apresuré a hurgar mi bolsillo izquierdo del pantalón en busca de un
mechero.
Lo intenté encender
torpemente y cayó al suelo. Maldecí en mis adentros al alcohol que había
bebido en la fiesta.
Finalmente dí con el
encendedor y pude alumbrar un poco la habitación en la que me encontraba; con
un armario en una esquina, un espejo en otra y otra puerta al fondo de la sala.
La sala tenía varios pósters de películas y bandas. El lugar era extraño,
ya nada me resultaba familiar.
Volví a oír la voz. Era ronca, intranquila; se aproximaba.
Me metí en el armario y me
mantuve en silencio y lo más quieto y rígido que pude. Pese al frío que tenía
momentos antes empecé a sudar.
La voz entró en la
habitación y yo me estremecía del miedo.
En ese momento ocurrió lo
impensable.
Noté una exhalación
caliente sobre mi nuca. Mi corazón bombeaba la sangre de mi cuerpo a mil por
hora. Me tocó la cara con su fría y agrietada mano y dijo:
-Shhh... No correr, no esconder. No poder, no ya.
jueves, 6 de junio de 2013
Carta Al Viento
Cada vez que tengo una visita y alguien lee uno de mis poemas, cuando leen alguno de mis textos día tras día, surge una duda en mi cabeza y me pregunto si de entre todos esos números, detrás de cualquiera de esas pantallas estás tú, cálida y risueña viendo lo que escribo, esos trocitos de vida que reúno en este espacio formando un mosaico de mi persona.
Querría escribir algo que erizase uno por uno cada vello de tu cuerpo, que te hiciese sentir
-no importa si es sólo durante pocos segundos- algo nuevo y fresco al leerlo, que te hiciese sonreír unos instantes, que tensase tu piel al finalmente descubrir que no es nadie más sino tú la destinataria.
Quítame el aliento, llévame lejos de aquí por un tiempo; haz de mí otro tú.
Cógeme de la mano y, mientras cerramos los ojos al unísono, fundámonos el uno con el otro y creemos el más bello de los imposibles. Tú y yo. Alejados del todo y de la nada, parando todos los relojes en medio de ninguna parte.
Podríamos ser lo indefinible, lo inimaginable.
Si aparecieses...
Querría escribir algo que erizase uno por uno cada vello de tu cuerpo, que te hiciese sentir
-no importa si es sólo durante pocos segundos- algo nuevo y fresco al leerlo, que te hiciese sonreír unos instantes, que tensase tu piel al finalmente descubrir que no es nadie más sino tú la destinataria.
Quítame el aliento, llévame lejos de aquí por un tiempo; haz de mí otro tú.
Cógeme de la mano y, mientras cerramos los ojos al unísono, fundámonos el uno con el otro y creemos el más bello de los imposibles. Tú y yo. Alejados del todo y de la nada, parando todos los relojes en medio de ninguna parte.
Podríamos ser lo indefinible, lo inimaginable.
Si aparecieses...
sábado, 25 de mayo de 2013
El Duque de Manrique
Tiene fauces de felino
y es de los que no hay quien calle;
quien se cruza en su camino
cae rendido ante su sable.
Nadie nunca pone en duda
las historias que se cuentan
de su lánguida figura,
de su cruel batalla en Cuenca.
Volvió entero y victorioso
mientras cientos le alababan;
él lucía la piel de un oso,
otra más de sus hazañas.
El buen duque de Manrique
dejó gran huella en España;
con su sable y sin palique
cien muertos a sus espaldas.
sábado, 18 de mayo de 2013
En Un Rincón De Mi Ser
Imagina que pudieses saltar veinte metros en el aire y tener vista de pájaro durante unos momentos y poder caer ileso, imagina que pudieses bucear infinitamente y recorrer los más hermosos corales de cálidos tonos rodeado de peces exóticos en innumerables bancos.
Visualiza que pudieses tener alas e ir volando al más remoto lugar que jamás pudiste concebir en un período de tiempo extraordinario, a una velocidad frenética, categóricamente rápida, viajar al espacio y no morir en el acto, poder deambular a tu antojo por los astros y charlar con la luna a solas.
Piensa en poder crear el más increíble mundo que pudiera ocurrírsete, con fantásticos lugares por ver y épicas historias que contar, que vivir, que narrar, que hacer vivir...
Relájate, vuelve a la realidad, abre los ojos. Tan sólo con un un papel en blanco como universo y una pluma como más alta divinidad puedes plasmarlo todo, ¿parece de locos, eh?
Puedes hacer de tu propia mente un lienzo, un paraíso, tu escondite.
Relájate, vuelve a la realidad, abre los ojos. Tan sólo con un un papel en blanco como universo y una pluma como más alta divinidad puedes plasmarlo todo, ¿parece de locos, eh?
Puedes hacer de tu propia mente un lienzo, un paraíso, tu escondite.
Plásmate a tí mismo, fúndete con tu imaginación.
Conviértete en letras.
Conviértete en letras.
viernes, 17 de mayo de 2013
Mudo
¿Nunca has sentido la música dentro de tí?
¿Acaso nunca has notado ese nudo en la garganta al querer cantar cuando debes estar callado, al querer tocar y no poder hacerlo?
Cuando nuestro cuerpo está hambriento y falto de nutrientes hace sonar nuestras tripas, hace que una manada de lobos aullen y rujan con fiereza, clamando a viva voz que su apetito sea saciado.
Cuando tenemos sed, nuestra garganta se reseca, como si hubiésemos tragado arena; nuestro cerebro nos transporta al más abrasador de los desiertos, nos hace sentir náuseas si la situación se agrava.
Cuando tenemos calor sudamos, cuando tenemos frío tiritamos.
Pero, cuando lo que nos falta es música, ¿qué sentimos?
Yo siento que me falta el aire, que me falta la comida, el agua, me falta todo y necesito llenar el vacío que se crea en mí de manera muy urgente.
Las notas afloran de la nada y resuenan en mis oídos, se apoderan de mí y mueven mis pies y manos a su antojo, yo sólo soy un títere a merced de melodías y ritmos que deambulan sin rumbo en mi cabeza, esperando que los plasme, que los lance al aire.
Podemos sobrevivir tres días sin beber agua, treinta días sin probar bocado, hasta morir.
La música quizá no me alimente, quizá no me mate y en su ausencia siga vivo, más dejaría de ser persona como tal para convertirme en un ser errante.
Quítenme el sustento, quítenme la vida, pero no me quiten mi música.
¿Acaso nunca has notado ese nudo en la garganta al querer cantar cuando debes estar callado, al querer tocar y no poder hacerlo?
Cuando nuestro cuerpo está hambriento y falto de nutrientes hace sonar nuestras tripas, hace que una manada de lobos aullen y rujan con fiereza, clamando a viva voz que su apetito sea saciado.
Cuando tenemos sed, nuestra garganta se reseca, como si hubiésemos tragado arena; nuestro cerebro nos transporta al más abrasador de los desiertos, nos hace sentir náuseas si la situación se agrava.
Cuando tenemos calor sudamos, cuando tenemos frío tiritamos.
Pero, cuando lo que nos falta es música, ¿qué sentimos?
Yo siento que me falta el aire, que me falta la comida, el agua, me falta todo y necesito llenar el vacío que se crea en mí de manera muy urgente.
Las notas afloran de la nada y resuenan en mis oídos, se apoderan de mí y mueven mis pies y manos a su antojo, yo sólo soy un títere a merced de melodías y ritmos que deambulan sin rumbo en mi cabeza, esperando que los plasme, que los lance al aire.
Podemos sobrevivir tres días sin beber agua, treinta días sin probar bocado, hasta morir.
La música quizá no me alimente, quizá no me mate y en su ausencia siga vivo, más dejaría de ser persona como tal para convertirme en un ser errante.
Quítenme el sustento, quítenme la vida, pero no me quiten mi música.
jueves, 16 de mayo de 2013
No Olvides Jamás
Una persona muere y deja todo atrás; familia, amigos, promesas, deseos, sueños..., se despide de todos sus allegados con ó sin avisar, alejándose hacia otro mundo entre sollozos que le arropan, entre lágrimas que mecen su alma hasta el más allá.
Cuando alguien muere nos percatamos de lo frágil y efímera que es un una persona, de que no somos más que una flor que el tiempo marchita sin piedad ni compasión a medida que la manecilla del reloj avanza.
Tic, tac... Tic, tac...
El tiempo pasa, la tierra sigue rotando -impasible-; todo permanece excepto nosotros, yugos de ese dueño invisible que nos tortura y somete, que es el tiempo.
Tiempo al tiempo -dicen algunos-, tiempo al tiempo...
Una voz, unos ojos clavados en los tuyos, una sonrisa.
Aunque un ser querido se desvanezca siempre tendrás su más vivo recuerdo, sus más felices momentos junto a tí, riendo.
Sé que habrá quien piense que lo más difícil es un adiós, pero no.
Lo verdaderamente difícil es saber que hay que seguir con una sonrisa, que dondequiera que esté esa persona, lo último que querría es verte llorar.
Más difícil aún es que, con el paso de tus logros y de los años, sepas mirar hacia arriba y pensar: "sé que me ves, sé que me quieres y estás orgulloso y feliz de mí".
Hay veces que lo único que quieres hacer es sepultarte en una habitación y recorrer un vasto océano de recuerdos mientras te arropas y embriagas en ellos, pero tienes que sacar fuerzas de flaqueza, alzar la vista al frente y, esbozando una sonrisa, seguir caminando sin olvidar jamás.
Sólo tiempo al tiempo...
Dedicado a María.
Cuando alguien muere nos percatamos de lo frágil y efímera que es un una persona, de que no somos más que una flor que el tiempo marchita sin piedad ni compasión a medida que la manecilla del reloj avanza.
Tic, tac... Tic, tac...
El tiempo pasa, la tierra sigue rotando -impasible-; todo permanece excepto nosotros, yugos de ese dueño invisible que nos tortura y somete, que es el tiempo.
Tiempo al tiempo -dicen algunos-, tiempo al tiempo...
Una voz, unos ojos clavados en los tuyos, una sonrisa.
Aunque un ser querido se desvanezca siempre tendrás su más vivo recuerdo, sus más felices momentos junto a tí, riendo.
Sé que habrá quien piense que lo más difícil es un adiós, pero no.
Lo verdaderamente difícil es saber que hay que seguir con una sonrisa, que dondequiera que esté esa persona, lo último que querría es verte llorar.
Más difícil aún es que, con el paso de tus logros y de los años, sepas mirar hacia arriba y pensar: "sé que me ves, sé que me quieres y estás orgulloso y feliz de mí".
Hay veces que lo único que quieres hacer es sepultarte en una habitación y recorrer un vasto océano de recuerdos mientras te arropas y embriagas en ellos, pero tienes que sacar fuerzas de flaqueza, alzar la vista al frente y, esbozando una sonrisa, seguir caminando sin olvidar jamás.
Sólo tiempo al tiempo...
Dedicado a María.
martes, 14 de mayo de 2013
Primavera (Del Pueblo Oprimido)
Vivo en mi tierra, pobre, feliz,
sin nada de qué preocuparme,
salvo del hambre, causada por tí,
pronto me verás rebelarme.
No, yo no quiero poder o dinero,
tan solo mis ideales,
la libertad es mi único anhelo,
¡eso que me arrebatasteis!
Pronto veréis al pueblo alzarse,
conque caeréis tú y los de tu clase,
vosotros mentísteis en nombre de Dios
y presenciaréis la revolución
NOTA : Esto lo escribí hace casi dos años, junto con "El Soldado", intentando crear un estilo parecido entre ambas.
sin nada de qué preocuparme,
salvo del hambre, causada por tí,
pronto me verás rebelarme.
No, yo no quiero poder o dinero,
tan solo mis ideales,
la libertad es mi único anhelo,
¡eso que me arrebatasteis!
Pronto veréis al pueblo alzarse,
conque caeréis tú y los de tu clase,
vosotros mentísteis en nombre de Dios
y presenciaréis la revolución
NOTA : Esto lo escribí hace casi dos años, junto con "El Soldado", intentando crear un estilo parecido entre ambas.
sábado, 4 de mayo de 2013
No Somos Nada (Anexo)
Hoy en día, muchas
personas tienen algo en común, la mayoría tiene móvil de última generación
conectado a la red, Internet en sus casas, tienen supermercados a los que
acudir a por comida, pueden disponer de entretenimiento si tienen dinero, medicinas, una
vida virtual en las redes sociales, televisión…, tienen todo y a la vez no
tienen completa y absolutamente nada.
Tienen los bolsillos y los
estantes repletos de objetos que les ayudan, satisfacen y ofrecen tiempo de
ocio jornada tras jornada; objetos inútiles al fin y al cabo. Me atrevería a decir que más del 70% de las cosas
que puedes tener o usar en tu vida diaria dependen de electricidad, eso que
todos conocemos y sabemos que existe pero no pensamos en su gasto, ni en que un
día toda nuestra sociedad de plástico -con cimientos tambaleantes- puede irse a la mierda por algo tan simple como la falta de energía. No nos paramos a pensar en
el “y si…”, y eso tiene graves consecuencias, no nos preocupamos en pensarlo;
demasiado cómodos, tranquilos, centrados en nuestros quehaceres diarios como
para preocuparnos sobre qué pasaría si no tuviésemos esa tranquilidad y
comodidad en la palma de la mano.
Pregúntate: ¿cuántas
personas que conozcas saben cazar, buscar agua potable, defenderse de cualquier
peligro, hacer un fuego, o buscar algún
sitio para pasar la noche a la intemperie? Es más, pregúntate si tu mismo
serías capaz de sobrevivir, pongamos, una semana fuera de tu zona de confort,
sabiendo que hay más gente como tú buscando algo que llevarse a la boca y que
no repararía en matarte si fuese necesario, porque de eso se trata, de
sobrevivir. Sin distinciones entre ricos o pobres (un punto a favor de esta sociedad-catástrofe), el uso del dinero en esta “nueva sociedad” sería más o menos
equiparable al del papel higiénico. Es por esto que, somos unos inútiles que
dependen de cosas inútiles, somos cada día más plástico y menos persona, somos
la idea de que “todo está bien, no hay de qué preocuparse”.
Es por esto, amigos míos,
que nuestra dependencia de una mano que nos dé de comer, de alguien que haga el
trabajo por nosotros, hace que nuestro valor como personas esté rozando el más categórico cero.
Piensa en el desorden, en
el más completo caos en el que se convertirían nuestras vidas; los días se
harían eternos y nosotros sufriríamos minuto tras minuto por nuestra
ineficiencia, mataríamos por unas insignificantes gotas de agua o unas miseras migajas de pan.
A fecha de hoy, en pleno
siglo XXI, en la era más deslumbrante de la tecnología y la ciencia, hemos
olvidado algo,hemos olvidado que somos de carne y hueso, hemos olvidado que en el fondo somos un animal más, pero rodeado de placeres al alcance de la mano y, ahora, vislumbrando la hora más oscura que podría acecharnos, encontramos que tenemos todo
y no somos nada.
Un día puede que todo se acabe y podéis tener por seguro de que nadie -ni dirigentes políticos ni fuerzas del orden- se va a preocupar por nosotros, pues ya dije que somos nada, más seremos olvido.
domingo, 28 de abril de 2013
¿Quién es Michael Kaint?
Se despertó con resaca sentado en un vagón de tren, más
bien lo despierta el revisor; ha llegado a la última parada y no le queda otra que
bajarse, con ese maldito dolor de cabeza…
Sacó otro cigarro del paquete, lo encendió y entre el humo de este dijo sin girarse ni alterar mucho su voz (aunque lo dijo en un tono para que toda la sale le escuchase):
-¿Alguno de vosotros tiene la más remota idea de qué hora es y de dónde estoy? Esto parece el jodido funeral de alguien.
De momento la noche no pintaba mal, al menos parecía que Mitch fuese a estar entretenido.
Le va a estallar, oye voces y ve flashbacks ininteligibles
de la noche anterior, todo realmente borroso.
Baja del tren y sus ojos encuentran una estación enana, realmente pequeña y cerrada, sin ni siquiera un reloj que indicase la hora. Y ahí está, con sus aires de tío duro, Michael Kaint, el puto cabrón de Mitch. Es de noche, pero va con sus gafas de sol para que nadie vea del todo su rostro, que denota al cien por cien de que hizo de todo las últimas veinticuatro horas excepto dormir (y porque Mitch era verdaderamente un tipo egocéntrico).
Tenía el pelo algo desaliñado, entre corto y largo, castaño y repeinado. Sus ojos azules se esconden tras las lentes, marcados por unas ojeras muy profundas.
Baja del tren y sus ojos encuentran una estación enana, realmente pequeña y cerrada, sin ni siquiera un reloj que indicase la hora. Y ahí está, con sus aires de tío duro, Michael Kaint, el puto cabrón de Mitch. Es de noche, pero va con sus gafas de sol para que nadie vea del todo su rostro, que denota al cien por cien de que hizo de todo las últimas veinticuatro horas excepto dormir (y porque Mitch era verdaderamente un tipo egocéntrico).
Tenía el pelo algo desaliñado, entre corto y largo, castaño y repeinado. Sus ojos azules se esconden tras las lentes, marcados por unas ojeras muy profundas.
La
barba con un ligero tono pelirrojo le daba más carácter aún del que sus
propios aires daban a ver. Llevaba puestos unos vaqueros, unas botas algo viejas y el antiguo abrio negro de su padre. Mira su macuto, su único compañero de viaje, y
encuentra verdaderas maravillas dentro de él, al menos para una persona de su
calaña. Michael Kaint creció desde muy pequeño ligado a la delincuencia y
armando escándalo; no hay gran cosa más, novias, robos, algún intento de homicidio, un par de años en la trena... Y así hasta ahora, perdido en la última parada
de algún lugar, en medio de ninguna parte.
En el macuto encuentra todo un gran
bolsillo repleto de dinero y más al fondo, entre los billetes, encuentra una
Colt M1911 y automáticamente se la guarda entre la espalda y el pantalón con
una sonrisa pícara. En otro bolsillo encuentra una cantidad considerable de
drogas: setas alucinógenas, una bolsita de Speed, dos paquetes de tabaco, cocaína y algo
de cannabis. Una puta maravilla. La lotería se quedaba corta; a él le había
tocado el premio gordo varias veces. Cogió una pequeña bolsita blanca, la abrió y se llevó con la yema del dedo índice una dosis de polvo blanco hacia su nariz. Tras esto, logró despejar un poco su mente turbia.
Guardó todo de vuelta en su sitio y salió de la oscura
esquina en la que estaba y fue hacia la calle dispuesto a buscar un sitio para
pasar la noche y aclarar un poco las ideas.
Al tiempo de haber recorrido un buen tramo de trayecto
encontró un hostal pequeño, con las luces encendidas y al parecer algunos
habitantes borrachos de aquél pueblo perdido…
Entró por la puerta con un cigarro encendido y divisó un
poco el panorama con su vista de águila, aturdida y embotada sin embargo por el
sueño y el dolor de cabeza; necesitaba tranquilizarse un poco.
Tenía la garganta realmente seca, así que se acercó a la
barra para pedir algo.
-Camarero, un whisky doble On The Rocks -dijo alzando la vista sobre sus gafas mientras exhalaba una calada y dejó caer el macuto al suelo.
-Camarero, un whisky doble On The Rocks -dijo alzando la vista sobre sus gafas mientras exhalaba una calada y dejó caer el macuto al suelo.
-No se puede fumar aquí, caballero, sería tan amable de…
-¡He dicho que me pongas un whisky, imbécil! -golpeó la mesa
con el puño, gritando enrabietado al camarero, reclamando su bebida y casi tira
varios vasos en el acto. Todos le miraron asombrados, pero al parecer un cliente que estaba
quizá un poco borracho y con ganas de pelea optó por enfadarse por aquello. Mientras seguía gritándole al hombre tras la barra, el cliente se levantó remangándose y fue a pegarle a Mitch; grato error. Cuando el fornido
cliente fue a golpearle, éste le agarró del antebrazo. Le retorció toda la
extremidad hacia la espalda en un movimiento fugaz con el que acabó tirándolo al suelo para acabar pateándole la cara con su bota, literalmente. Todo
se calmó; el camarero le sirvió su pedido y, enfadado por tener que armar tanto escándalo -cuando, con su resaca él era al que más le molestaba dicho jaleo- Mitch lo bebió de un
trago.
-
Quiero una habitación bonita, toma, apáñatelas -dijo
con la voz calmada, como si no hubiera hecho nada de lo acontecido ni llevara una migraña de la hostia, y le deslizó
un billete de 500 al camarero.Los pocos clientes que había en la barra se habían ido a sus casas o a alguna de las mesas de atrás para acabar sus consumiciones. Él estaba dándoles la espalda a todos ellos mientras todo seguía en silencio; todas las miradas se clavaban en su nuca.
El camarero, calvo y de unos cuarenta y pocos, salió de la barra a toda
prisa asintiendo, mudo de la impresión, y salió hacia el piso de arriba para
preparar alguna habitación espaciosa.
Michael no tenía ni idea de qué
le había ocurrido, pero no tardaría en ir descubriéndolo poco a poco, de manera
drástica.
Sacó otro cigarro del paquete, lo encendió y entre el humo de este dijo sin girarse ni alterar mucho su voz (aunque lo dijo en un tono para que toda la sale le escuchase):
-¿Alguno de vosotros tiene la más remota idea de qué hora es y de dónde estoy? Esto parece el jodido funeral de alguien.
De momento la noche no pintaba mal, al menos parecía que Mitch fuese a estar entretenido.
jueves, 25 de abril de 2013
Insomnios
Una fría noche de enero, un pensamiento recorrió a una
velocidad de vértigo mi mente de lado a lado; pasó de manera casi imperceptible
por los recovecos más polvorientos y olvidados que hay dentro de mí,
desordenando y alterándolo todo. Daba una sensación congeladora, más aún si
cabe, que el crudo relente invernal de la madrugada en la que me encontraba. Era la incertidumbre.
Retiro las sábanas y me levanto; no hay vuelta atrás, el
insomnio ya me pisa los talones de nuevo, como es normal en mí. Algo se
agitaba, daba vueltas y vueltas en mi cabeza, tantas, que realmente provocaba
vértigo. Parecía que me tambaleaba a causa del mareo.
Me visto un poco, sin reparar mucho en el frío que imperaba
esa noche, y me embarco en un paseo nocturno, ¿a cuento de qué? ¿En busca de
qué o quién?
¿Y qué más da? Quizá no busco nada, quizá no busco a nadie
en ningún remoto lugar, quizá simplemente me busco a mí mismo como un loco.
Conforme camino una oleada de sentimientos amargos comienzan
a abatirme; la ácida nostalgia erosiona y abate mis adentros; el
arrepentimiento me corroe, arde en mi interior como la brea.
El ya perdido tren de la oportunidad viene a mil por hora y
me atropella bruscamente recordándome lo que pude haber hecho, haber tenido,
haber sido…
Pero mientras regresaba a casa, ya alumbrando el alba, me paré en seco a las puertas de mi hogar y pensé:
Aunque quizá todo tiempo pasado fue mejor, no por ello he de
caer, dolido, agotado por el cansancio en mi camino. Por muy turbio que se muestre el porvenir,
me mantendré sereno y firme.
Puede que el amanecer no hiciera más que desvanecer mis tinieblas.
“No todo lo que reluce es oro, ni todo lo que anda errante está perdido.”
– J. R .R. Tolkien (El
Señor De Los Anillos)
miércoles, 17 de abril de 2013
No Somos Nada Pt. 2
Lo último que recordaba
Dutch era a aquél hombre encapuchado con voz profunda y elocuente, un cadáver
en el suelo y una silueta como la de un niño que su repentino desmayo no le
ayudó a distinguir.
Cuando despertó, estaba
atado de pies y manos a una silla de madera, y amordazado; todo al más puro
estilo Hollywoodiense.
El cuarto en el que se
encontraba era de un tamaño bastante grande y completamente vacío a excepción
de una mesa. Había una ventana por la que se entreveía la luna llena en su
apogeo sobre un paisaje boscoso.
A Dutch no le resultaba
familiar el lugar que sus ojos veían; no era la casa señorial que había
encontrado esa noche, no era ningún lugar conocido y eso le confundía.
Pensó en gritar, en sacudirse,
en formar el alboroto más grande que pudiera y así quizás, con suerte alguien le
oiría.
Cuando cogió aire para
gritar lo recordó todo de nuevo: la sangre, el cuerpo inmóvil, la silueta y el
hombre encapuchado. Decidió que era una completa estupidez gritar, el hombre de
la capucha tenía pinta de no andarse con bromas y esa no sería de su agrado, desde
luego. Además estaba amordazado, solo podría hacer ruidos y no se había fijado.
El pánico nos impide pensar con claridad.
Oyó unas maderas crujiendo
bajo los pies de alguien, alguien que se acercaba hacia él.
Su corazón iba a salírsele
del pecho, él podía sentir como golpeaba su caja torácica con una fuerza que le
hacía entrecortar su respiración hasta el punto en que se ahogaba.
La puerta se abrió y allí
estaba el hombre de la capucha, alto, oscuro, el hielo era caliente a su lado.
Dejó el cuchillo que
llevaba (con el que podría cortar una extremidad de un corte si se aplicaba la
fuerza adecuada) sobre la mesa, se acercó a quitarle la mordaza y con una voz
dura como el acero, dijo:
-Muy bien, capullo, debes
estar confuso, muy confuso, así que escúchame bien…
De momento me perteneces.
Eres absolutamente mío, no me importa si es con o contra tu voluntad. Podría
haberte matado mientras estabas en el suelo tan indefenso como un recién
nacido, echándote la siesta delante de alguien con un cuchillo y muy mala
leche…
Estaba muy cerca de él, demasiado, y
Dutch hizo algo de lo más sensato tras escuchar esas palabras: le escupió.
El encapuchado blasfemó,
se limpió la chaqueta y le asestó a su rehén un gancho en la cara que tiró a
éste al suelo.
-
Eres un cabrón
insolente, ¡pero tienes huevos! Me caes bien hijo de la gran puta.
Le asestó una patada en el estómago y Dutch se
retorció.
-
Esta va a ser tu
primera lección: aguantar el dolor. Voy a enseñarte a ser un hombre y no un
adulto con pañales como la mayoría. Vas a cagar sangre, aunque me lo agradecerás…
¿Pero qué modales son estos? Aún no te he preguntado tu nombre.
-
Me llamo… Me llamo Dutch.
Dijo con la voz apagada y tosiendo por el dolor de estómago.
-
Muy bien Dutch, yo
soy tu Jefe, tu Dios, tu Salvación y tu Muerte. Trátame como te imaginas que
debes hacerlo, o te clavaré un hierro candente en el ojo a la más mínima que me toques las pelotas, engendro
inútil.
- Pero… ¿Por qué…?
El
encapuchado pateó nuevamente a Dutch, que se volvió a retorcer de dolor.
-
Ya tendrás ocasión de
hacer todas las preguntas que quieras, a su debido tiempo, Dutch, ¡tómatelo con
calma!
Se
quitó la capucha, cruzaron sus miradas y pudo ver como su rehén era presa del más
escalofriante pánico mientras clavaba sus ojos verdes en los suyos.
Le
soltó una de las manos y, con una sonrisa, se la estrechó.
-Encantado de conocerte,
por cierto, soy Crow.
lunes, 15 de abril de 2013
Fuego & Agua
Cuando él la miraba, todo se volvía oscuro y se apagaba,
pero ella permanecía ahí, reluciente, mientras su pelo bailaba para él alguna
melodía perdida en el rincón más opaco del olvido.
Su cara tenía una simetría
envidiable, increíblemente perfecta, y que daba la impresión de que su rostro
era una escultura en suave mármol blanco. Él no albergaba la más mínima duda de
que cualquier escultor se pondría manos a la obra en el mismo instante en que
la viera, de que cualquier musa griega moriría de envidia al verla y se haría
añicos en el acto.
Pese a sus muchos intentos, él aún no había encontrado una
manera coherente y con palabras para describir sus ojos ya que, se ahogaba en
ellos.
Sus labios le quitaban el aliento, apagaban el fuego más
vivo que había en sus adentros (ella era su Agua).
Entre sien y sien tenía su voz, que resonaba en su cabeza
con palabras ininteligibles, llamándolo, clamando atención a cada momento.
Cuando ya se sintió abrumado por el enjambre de pensamientos
que recorrían su mente en aquellos instantes, lo cesó; dejó de pensar en
palabras y cambió de lenguaje, cambió de medio. Pensaba que era la más dulce
melodía tocada con un tacto y una destreza más que envidiables sobre el
instrumento más delicado. Ella era el agua que apagaba su fuego interior, ella era música,
así que, ¿qué mejor, si no, que hablarle en su propio dialecto?
La música empezó a fluir y, sin más, él se alejó de
absolutamente todo lo que le rodeaba.
sábado, 13 de abril de 2013
Vocem
Apretó el puño con una fuerza
inhumana, ejerció tal presión sobre su mano izquierda que esta quedó entumecida,
corroída por el más inmenso odio.
Por sus venas corría fuego
a un ritmo muy acelerado, el más vivo, grande y caliente de ellos. Un fuego
abrasador que envolvía todo su cuerpo, que haría cenizas todo aquello que
hubiera a su paso u osase interponerse entre él y su finalidad.
Entre sus sienes oía el
sonido envolvente de miles de tambores tocando al unísono, y parecía que estos
fueran a hacerse añicos en un solo parpadeo.
Rojo sangre.
Ese era el tono que
adquirían sus ojos en aquél momento, y no había duda alguna: parecía un
verdadero demonio, un ser depravado, vil y sediento de sangre.
Su expresión facial
recordaba a la de un animal, a la fiera más salvaje que existiese.
Todo esto podría resumirse
en una única palabra, en un único sentimiento: ira, la más inconmensurable de
ellas.
Parecía como si aquel horrible ser estuviera
a punto de estallar.
Pero de repente se vio un
halo de luz bajar hacia él.
Entonces, llegó la calma.
Todo pasó a estar tranquilo, su mano al
fin ya era libre de su furia y pudo relajarla.
Su pulso descendió
considerablemente y en su cabeza se hizo el silencio. Sus ojos se apagaron,
volvieron a su color castaño y de nuevo, su cara era la de un ser cuerdo.
¿Qué era ese halo, esa luz
que esclareció las tinieblas de su camino? ¿Era un vago recuerdo? ¿Algún Dios
perdido entre los avernos?
No era otra cosa que su
voz interior, no fueron voces celestiales ó ningún otro tipo de fuente divina,
sino su reflexión y su esperanza.
¿Qué iba a conseguir
prendiendo el candente fuego de la ira? Ese era un camino lleno de afiladas
piedras y senderos estrechos, definitivamente el peor.
Así que dio la espalda a
aquella llama que intentó quemarle y solo hizo dos cosas: cerrar los ojos y
dejar su mente en blanco.
Así quizás…
Quizás lograra soñar de nuevo.
domingo, 31 de marzo de 2013
No Somos Nada Pt. 1
Subió al coche, quitó el freno de mano, arrancó y se dispuso
a apaliar el aburrimiento de un domingo a solas con un paseo. Era tarde, pasada
la hora de cenar y Dutch se dispuso a conducir, sin rumbo fijo, dondequiera que
le llevase el viento (y su coche).
Metió uno de sus discos favoritos en el reproductor, era una
música que le hacía perder la noción del tiempo y ensimismarse en su más
profundo yo.
“…My eyes can’t look at you any other way”.
Pasó por un par de pueblos, una granja, una pista de fútbol
desierta, un colegio cerrado…
Cuando ya había puesto el mismo disco unas 2 o 3 veces, paró
en un lugar que le llamó la atención.
Dutch bajó del coche y, pensativo, se quedó contemplando el
edificio que se erguía, colosal, ante él.
Era una edificación de unos 15 metros de altura, y
que ocupaba lo que hubieran sido “varias manzanas” si se hubiese construido en algún lugar
poblado, pues estaba en una montaña.
Parecía una casa señorial abandonada, cuyos únicos habitantes
eran el musgo, la maleza, algún graffiti y el frío viento de diciembre.
No había ninguna valla, ningún cerco que le impidiese el
paso.
La entrada tenía un gran portón de madera, roto y
resquebrajado, que daba a un gran recibidor. Estuvo un buen rato con la mirada perdida sin saber qué
hacer y se puso a subir pisos, a investigar qué podría haber en aquél remoto
lugar.
Él acabó en un pasillo de una longitud considerable, repleto
de puertas.
Fue abriendo una por una, las puertas que había.
Se encontró con lo que antaño fueron un almacén, unos
dormitorios, una cocina…
Oyó unas pisadas, seguidas de un crujido y de algo que se había caído.
Todo aquello provenía del fondo del pasillo.
Se aproximó con paso firme, pero lento hacia la puerta del a que provenía el ruido.
Se aproximó con paso firme, pero lento hacia la puerta del a que provenía el ruido.
Cuando abrió suave y lentamente la puerta de la penúltima habitación se le
congeló la sangre.
Una brisa helada le acarició la nuca, haciendo que su piel
se erizase.
- ¿Quién cojones eres?
¿Acaso no habías visto jamás un cuerpo sin vida?
Dutch palideció, se le nubló la vista y pudo oírse un golpe
seco contra el suelo.
- ¡Mierda! Solo es un poco de sangre, imbécil.
jueves, 14 de marzo de 2013
Quiero Ser Tu Fuego
Quiero ser
el que más alto te lleva,
que te busca, que te encuentra,
pasa las horas a tu vera.
Quiero ser tu fuego,
¿serás tú la madera?
Ven y esculpe sobre mí,
la sonrisa más sincera.
Quiero soñar, quiero dormir,
saludar al sol contigo,
y que seas tú mi abrigo,
más, no quererme jamás ir.
Y es que podría apagarse el sol,
incluso podría secarse el mar,
que mientras me ahogo en tus ojos
no me importa nada más.
el que más alto te lleva,
que te busca, que te encuentra,
pasa las horas a tu vera.
Quiero ser tu fuego,
¿serás tú la madera?
Ven y esculpe sobre mí,
la sonrisa más sincera.
Quiero soñar, quiero dormir,
saludar al sol contigo,
y que seas tú mi abrigo,
más, no quererme jamás ir.
Y es que podría apagarse el sol,
incluso podría secarse el mar,
que mientras me ahogo en tus ojos
no me importa nada más.
miércoles, 13 de marzo de 2013
El Soldado
La guerra empezó, mi patria me llama,
he de acudir a la llamada,
iré a luchar a tierras lejanas,
soy el soldado, curtido en batalla.
Los gritos, las balas y las explosiones,
hacen callar todas las emociones,
y mientras destellos salen de cañones,
bolsillos se llenan, lloran corazones.
Y aunque a nadie haya matado,
en mi pecho siento un gran pesar,
con cada disparo te vuelvo a recordar,
esta no es mi guerra, jamás lo será.
Cada día yo tiento a a la muerte,
hasta que se acabe mi suerte,
más, cada vez que te tengo en mente,
siento que me hago más fuerte.
Cada muerto que veo hace mella en mí,
cada día pesa más mi fusil,
aunque soy un soldad y esto elegí:
por otros matar, sufrir y morir.
"Why don't presidents fight the war? Why do they always send the poor...?"
he de acudir a la llamada,
iré a luchar a tierras lejanas,
soy el soldado, curtido en batalla.
Los gritos, las balas y las explosiones,
hacen callar todas las emociones,
y mientras destellos salen de cañones,
bolsillos se llenan, lloran corazones.
Y aunque a nadie haya matado,
en mi pecho siento un gran pesar,
con cada disparo te vuelvo a recordar,
esta no es mi guerra, jamás lo será.
Cada día yo tiento a a la muerte,
hasta que se acabe mi suerte,
más, cada vez que te tengo en mente,
siento que me hago más fuerte.
Cada muerto que veo hace mella en mí,
cada día pesa más mi fusil,
aunque soy un soldad y esto elegí:
por otros matar, sufrir y morir.
"Why don't presidents fight the war? Why do they always send the poor...?"
Se hizo el silencio.
…Y apareció. Como un tenue
halo de luz entre las largas ramas de un árbol perdido en un inmenso y
frondoso bosque.
Ella apagó el alboroto de
todo el lugar tan solo con abrir sus pupilas, que dejaron atisbar levemente el
brillo de su iris verde.
Todo el bosque enmudeció;
roedores, pájaros, plantas…
Hasta el río dejó de fluir, solo para poder
contemplar tal belleza, aunque tan solo fuese por un instante.
Una corriente de aire
decidió romper el silencio y alzarse.
Su melena se movía
agitadamente al compás del viento, y pese a su rubio tono, parecía que
concordase con el verde del bosque.
Como si perteneciese a aquél lugar, como si
ella solo fuera otro árbol, otro canto de un pájaro, un susurro de la brisa…
Parecía que formase parte
del bosque, parecía que siempre hubiera estado ahí.
Entonces, sonrió.
Esa leve curva en su cara,
inexpresiva a ojos de un árbol, iluminó todo el lugar.
Al lado de la dulzura y el
calor que ella irradiaba, parecía como si jamás el sol hubiera iluminado aquel
bosque, como si la lluvia nunca hubiera rociado la hierba.
Cuando el sol en su
plenitud le iluminó la cara, podía oírse a los centenarios árboles discutir
sobre la procedencia de aquel bello ser.
Ella se dio cuenta de que
el bosque entero giraba en torno a su ser en dicho momento. Ella era lo más
bonito que había estado allí jamás.
Y rió.
Entonces todo volvió a
enmudecer, todo el bosque calló para oír el eco de su acaramelada y jovial voz.
Se dispuso a caminar sin
rumbo, y acabó cerca del árbol más grande (y al parecer, más viejo) que había:
un sauce.
El sauce la vio acercarse,
pudo sentir su respiración, sus pisadas, su corazón latir.
Quiso tocarla, acariciar
su pelo…
El viento meció las ramas
del árbol, y una de ellas, rozó su tez.
Entonces ella desapareció.
Todo el bosque se volvió de un tono gris y triste.
Igual que llegó se fue,
como una efímera y joven flor, que en el invierno es sepultada por la nieve, palidece y muere.
Bienvenida
Buenas a todos (si es que hay alguien). Este es un blog en el que publicaré mis desencantos, ilusiones y alegrías en forma de relatos, canciones y poesías. No sé si haré alguna entrada periódicamente o esporádicamente, lo que surja.
Poco más que decir, bienvenidos al blog, acepto críticas y opiniones de cualquier tipo (hechas siempre con respeto). El contenido de este blog será escrito única y exclusivamente por mí, y si en algún caso no es así, será especificado.
Saludos.
Poco más que decir, bienvenidos al blog, acepto críticas y opiniones de cualquier tipo (hechas siempre con respeto). El contenido de este blog será escrito única y exclusivamente por mí, y si en algún caso no es así, será especificado.
Saludos.
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