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jueves, 12 de marzo de 2015

No Somos Nada: Intervención Nº 1 (La Mecha)


-No puede ser. Repito: no puede ocurrir de ninguna manera.
Al callar, mantuvo su semblante serio, pero que terminada la última frase proveniente del otro lado del teléfono, hizo que este se turbase por un instante.
-Pues háganlo. Lo que sea necesario. Adelante.
*Ruido del teléfono al ser colgado con fuerza.*
El hombre sacó un puro y lo encendió en su despacho, y poco a poco las volutas de humo se entremezclaban con su pelo cada vez más grisáceo mientras -cabizbajo- miraba hacia la hoguera.
Un par de minutos después, el furgón arrancó y tardó muy poco tiempo (teniendo en cuenta que era un recorrido de una extensión considerable) en llegar a su destino.
Ningún sonido era producido en su interior, solo se escuchaba el motor y el característico ruido que emiten las ruedas cuando se supera una velocidad "normal" (al menos en un trayecto urbano).
Cuando el vehículo paró en seco, en un parpadeo se abrieron las puertas de atrás y bajaron cuatro personas mientras otras dos salían -casi al unísono- de la parte delantera. El sol empezaba a rozar el alba.
Uno de los cuatro primeros cogió un ariete; se hacía llamar Jason, aunque ahora era un número, el tres en concreto.
Las luces roja, blanca y azul emitidas desde la parte de arriba del coche centelleaban en el casco de Jason y en el de sus compañeros. Bendita patria.
Miró a sus compañeros e hizo un gesto.
Rápidamente, uno y cuatro se pusieron uno a cada lado de la puerta de la casa, mientras que dos y cinco aseguraban los flancos. El número seis se mantenía tras de Jason, esperando.
Jason hizo otro gesto. Todos asintieron.
Se acercó a la puerta y la derribó a la cuenta de tres. Sus compañeros uno y cuatro entraron rifle en mano, mientras que Jason prefirió usar la pistola.
Dos y cinco permanecieron asegurando la zona, mientras que seis entró también junto con su bolsa de deporte negra..
Mientras los dos primeros y Jason entraban por el largo pasillo, oían música.
Las dos primeras habitaciones estaban vacías, el aseo y la cocina también.
Seguían moviéndose rápidamente por la casa hasta que llegaron al salón, donde les recibirían.
Había dos personas, hombre y mujer, en un sofá, mirando al frente, hacia Jason y los suyos.
En unas sillas estaban un adolescente de unos dieciséis y otro hombre que superaba los cuarenta y era  el mayor de la sala, pues el hombre y la mujer del sofá no habían llegado a la treintena.
Jason se quitó el casco y su pelo rapado y pelirrojo hacía un contraste extraño con sus ojos oscuros. Acto seguido apagó la radio que emitía música, justo cuando el locutor hablaba en árabe.
Bueno, ya podemos detener esta farsa, venid aquí. Vamos a apresaros.
Seis entró y volcó la bolsa sobre la mesa, cayendo de esta varias pistolas, armas blancas y munición.
Uno y dos esposaron a los inquilinos mientras Jason realizaba una llamada con su teléfono móvil, uno de esos que la pantalla se plegaba sobre el teclado y para contestar bastaba con abrirlo; ya obsoleto, cabe decir.
- Ya puedes llamar a la prensa.
Colgó y arrancó de cuajo la parte que llevaba la pantalla de la de abajo y se lo guardó.

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