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lunes, 16 de marzo de 2015

Mantra

Volutas de humo son su desayuno.
Antes de abrir los párpados ya estaba despierto, muy despierto. Quizá nunca llegó a dormirse en realidad.
Prácticamente no hay luz en la casa; son las 6 y media de la mañana y todos duermen dulcemente.
Él no es todos, ni fue parte de ellos, ya ni siquiera es él.
El café empaña sus ojos y el silencio le llena pese a ser algo yermo y vacío. La taza es la misma de siempre, el líquido marrón es el mismo de siempre, el habitáculo es el mismo de siempre... mas él ya no.
Todo sigue igual. Todo.
¿Quién tiene la culpa?
Al otro lado de la mesa, se mira a sí mismo desde unos ojos ajenos; los ojos de alguien que dice ''no más. Para''
- ¿Parar el qué? ¿Parar de hacer qué?
- Es hora de parar. De dejar de estar parado. El inquieto no ha de estarse quieto.
- Qué sabrás tú de mi, si ni yo me conozco y, valga la redundancia, tú eres yo.
- Tic...
- Pero para qué voy a...
- Tac.
- En serio, no creo que esto llegue a ningún lad...
- Tic...
- Para, por favor.
- Tac.
- Detente. 
- El reloj no espera, ni se detiene, ni se retrasa, ni tiene dueño. No puedes parar algo que no responde ante nadie. Muévete.
- Pero aún no ha salido el sol, está oscuro y no puedo ver nada.
- El tiempo no espera. El aquí y el ahora son la única verdad que tienes.
No esperes el alba.
Si quieres luz, haz.

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