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martes, 19 de mayo de 2015

¿Quién es Michael Kaint? Parte II



Parte primera:
http://fraseenlamanga.blogspot.com.es/2013/04/quien-es-michael-kaint.html
Apuró el último trago de su segundo whisky, que tenía que haberse servido él mismo en ausencia del camarero. Encendió otro cigarro (aunque seguía sin poder fumarse dentro del local), cogió su bolsa y se levantó.
Mientras iba de camino a las escaleras, le vino otro flashback de la noche anterior; este último era mucho más claro que el anterior.
Se quedó congelado en el pasillo y la bolsa cayó al suelo.
Música de fiesta, vestidos cortos y apretados, gente que gritaba.
Destellos de luz blanca, luego de colores, humo. Michael avanzaba entre la muchedumbre del club buscando algo, y no recordaba el qué.
Entre el gentío se fijó en un hombre trajeado que estaba sentado en un sofá de cuero en una parte algo más elevada que el resto del club y estaba rodeado de mujeres.
Intentó centrarse más en su cara y vio su pelo rapado y su barba negra (muy frondosa) y sus ojos rasgados.
La expresión de júbilo al estar entre féminas y alcohol cambió al ver a Michael. Su semblante se tornó serio y desafiante.
Entonces uno de esos destellos de un foco le dio de lleno en la cara y fue transportado de nuevo al presente.
Sacudió su cabeza de manera brusca y volvió a entrarle la migraña, así que se apresuró a subir al primer piso en busca de su habitación, pues el regente del lugar no volvía.
Al llegar al primer piso y deambular por el pasillo, vio una puerta abierta. Entró y encontró al dueño del lugar llamando por teléfono.
-Hola, ¿hablo con la policía?
Mitch hizo un ademán de desaprobación con la cabeza a la par que sacaba la pistola de sus pantalones y le apuntaba.
-¿Hace falta que hable?
Dijo Mitch, sin ganas de cháchara y con la migraña devorándole el cráneo.
-No no, perdonen, ha sido un malentendido. Ya lo tenemos solucionado. Gracias. Adiós.
Tras colgar, Mitch pateó al calvo, gordo y temeroso dueño del local -cuyo nombre era Anton-, el cual cayó sobre la cama.
Se puso encima de él y con la pistola clavada en su cuello, le susurró unas bellas palabras al oído.
-No sé donde cojones estoy, pero ten por seguro que si avisas a la pasma te voy a meter la botella vacía de whisky por el culo y luego te ataré a la barra para que veas cómo este sitio arde hasta los cimientos.
El camarero balbuceó.
-V... vale... Vale... No diré nada.
Mitch apretó aún más la pistola contra su cuello y le sostuvo la mirada a escasos centímetros.
-Sabes que hablo en serio. Ni se te ocurra tampoco entrar a molestarme. Con el billete que te he dado creo que me merezco algo de respeto, he pagado por un servicio. He pagado sobremanera.
Se apartó de él y el dueño le dejó las llaves de la habitación.
La puerta se cerró de un portazo.
Mitch abrió el macuto y procedió a liar un porro, ya que pretendía dormir algo.
Se quitó el abrigo negro y las botas, y una vez estuvo en la cama tumbado y ya exhalando humo, le vino otro flashback.
Se vió en el mismo club de antes, la máquina de humo estaba a su lado y él estaba en una nube.
El tipo de ojos rasgados susurró algo al segurata negro -sin apartar la mirada de él- , trajeado y con gafas de sol (y pinganillo) que había tras él.
Se le acercó.
-El señor Katsuro quiere decirle algo...
Alguien llamó a la puerta y de nuevo, el presente imperaba.
Mitch se acercó chillando a la puerta.
-¡Te he dicho que no me molestes, malnacido!
Abrió la puerta y no era el dueño quien estaba allí, sino una mujer que no parecía de aquel lugar y que no parecía traer la buena nueva. Al menos no de forma verbal, pues era una mujer de buen ver.
Su pelo ondulado y moreno y sus ojos verdes hipnotizaron a Mitch. Aunque quizá el cannabis tuviera algo que ver.
-Michael.
Este se tocó el pantalón en busca de la pistola, pero estaba en la mesilla de noche.
Tras girarse de nuevo vio un cañón a un palmo de su cara.
-Siéntate en la cama.
-¿Quieres que me quite la camisa? Dijo con un tono vacilón.
Ella le golpeó el hígado con el puño y se encorvó por el dolor. Mitch empezó a reirse.
-Tenemos que hablar.

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