Subió al coche, quitó el freno de mano, arrancó y se dispuso
a apaliar el aburrimiento de un domingo a solas con un paseo. Era tarde, pasada
la hora de cenar y Dutch se dispuso a conducir, sin rumbo fijo, dondequiera que
le llevase el viento (y su coche).
Metió uno de sus discos favoritos en el reproductor, era una
música que le hacía perder la noción del tiempo y ensimismarse en su más
profundo yo.
“…My eyes can’t look at you any other way”.
Pasó por un par de pueblos, una granja, una pista de fútbol
desierta, un colegio cerrado…
Cuando ya había puesto el mismo disco unas 2 o 3 veces, paró
en un lugar que le llamó la atención.
Dutch bajó del coche y, pensativo, se quedó contemplando el
edificio que se erguía, colosal, ante él.
Era una edificación de unos 15 metros de altura, y
que ocupaba lo que hubieran sido “varias manzanas” si se hubiese construido en algún lugar
poblado, pues estaba en una montaña.
Parecía una casa señorial abandonada, cuyos únicos habitantes
eran el musgo, la maleza, algún graffiti y el frío viento de diciembre.
No había ninguna valla, ningún cerco que le impidiese el
paso.
La entrada tenía un gran portón de madera, roto y
resquebrajado, que daba a un gran recibidor. Estuvo un buen rato con la mirada perdida sin saber qué
hacer y se puso a subir pisos, a investigar qué podría haber en aquél remoto
lugar.
Él acabó en un pasillo de una longitud considerable, repleto
de puertas.
Fue abriendo una por una, las puertas que había.
Se encontró con lo que antaño fueron un almacén, unos
dormitorios, una cocina…
Oyó unas pisadas, seguidas de un crujido y de algo que se había caído.
Todo aquello provenía del fondo del pasillo.
Se aproximó con paso firme, pero lento hacia la puerta del a que provenía el ruido.
Se aproximó con paso firme, pero lento hacia la puerta del a que provenía el ruido.
Cuando abrió suave y lentamente la puerta de la penúltima habitación se le
congeló la sangre.
Una brisa helada le acarició la nuca, haciendo que su piel
se erizase.
- ¿Quién cojones eres?
¿Acaso no habías visto jamás un cuerpo sin vida?
Dutch palideció, se le nubló la vista y pudo oírse un golpe
seco contra el suelo.
- ¡Mierda! Solo es un poco de sangre, imbécil.

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