La hoguera consumía sus últimos minutos de vida mientras el calor que esta desprendía por toda la habitación se batía en duelo con la fría presencia del hombre que había en la cama; hombre si llamársele como tal se pudiera, pues los demonios que chocaban entre sus sienes le habían convertido en un ser horrendo, un vago esbozo de lo que antaño fue conocido como El Gran Kraatzer, azote de los Äemtei.
Haggard miró con sus viejos y empañados ojos al retrato que colgaba sobre su antigua espada. Viejos ojos azabache que habían visto de todo, y la mayoría de las cosas que se grabaron en su retina no se las deseaba ver a nadie. En el instante en que logró enfocar la vista de manera adecuada una leve mueca se dibujó en su boca; una mueca que bien podría ser un leve indicio de una sonrisa, o todo lo contrario.
Era la luz,era Elda. Haggard aún mantenía sus cosas como ella las dejó, como esperando verla entrar por la enorme puerta de madera de nuevo a la hora de siempre. Ni todo el oro que consiguió tras la guerra ni los títulos ni los galardones pudieron llenar el vacío que ella dejó en su interior. Una de tantas víctimas, una de miles, de cientos de miles, pero solo una; ella.
Al bajar los párpados sus embriagados sentidos le crearon una dulce imaginación. Creyó oír una voz...
- Entonces, ¿me llevarás a ver el lago Svon, Haggy?
Haggard abrió los ojos bajo un árbol en medio de una soleada pradera. Miró sus manos y se dio cuenta de que las arrugas, su pelo grisáceo y las cicatrices se habían evaporado junto con el fango, el frío y las nubes de su tierra natal. El mismo sueño por enésima vez. Al principio se asustaba al verla y salía corriendo, o simplemente se despertaba bruscamente. Otras veces desaparecía justo antes de tocarla y él se despertaba gritando, pero cuando tienes el mismo sueño durante tres décadas todas las noches acabas tranquilizándote. Onírica tortura.
- ¿Hola? ¿Me oyes? No te embobes tanto mirando los árboles, estoy aquí.
Elda cogió su mano y se la colocó en la mejilla. Cuando Haggard la vio sonriéndole se sintió joven de nuevo; al oler el suave perfume de su cobrizo cabello creyó enloquecer.
- Ya sabes que a tu padre le caigo peor que el diablo. Aún no me ha matado porque mi padre sigue cocinando el mejor pan de la ciudad y tu padre es un gordinflón. Por mucho que le felicite por la increíblemente hermosa hija que tiene jamás conseguiré que no se le vaya la mano al puñal cada vez que te miro y él lo ve o que pase por su lado.
Ambos rieron y Elda posó levemente su mano sobre la de su amado, fuerte y robusta. Haggard la miró y se disponía a besarla cuando le puso el índice sobre el labio y le dijo al oído de un susurro:
- Por mucho que ese viejo gruñón te odie yo te querré igual. Haggy, pasaré mi vida a tu lado.
Al decir esto la tierra comenzó a resquebrajarse bajo sus pies y a rugir con la fuerza de un terremoto. Echó a correr como alma que lleva el diablo y cayó en una grieta que se abrió al instante en que dejó su peso sobre una piedra. Todo se volvió negro y vacío. Mientras caía, el ruido de la tierra al agrietarse se sustituyó por un 'noc noc', 'noc noc'. Creía que era su corazón, pero entonces la puerta se abrió tras ser derribada con la mínima delicadeza por uno de sus soldados.
-¡Señor, señor! ¡La zona este de la muralla está siendo atacada!
- Estás loco muchacho -dijo Haggard aletargado-, ¿para qué tenemos centinelas? Si hubiera alguien atacando ya estaría toda la ciudad en alerta.
-Ese es el problema, señor, no han visto nada. Nadie los ve pero la muralla se está desmoronando poco a poco desde la base. Me han dicho eso. No se ha dado la señal de alarma para que no cunda el pánico, porque, ¿pánico a quién, a qué?
- No... Ya no quedan Äemtei, no es posible que... -tos- No es posible eso que estás diciendo. Ve a comprobarlo muchacho.
-Pero la ciudad es enorme, tardaré un buen rato en comprobarlo y...
Haggard levantó de un golpe las sábanas con el ceño fruncido y el joven soldado estremeció al ver lo que había bajo ellas.
- ¡Si no me hubiera dejado la vida y las piernas en protegeros a tí y a toda la ciudad iría yo mismo!

No hay comentarios:
Publicar un comentario