
El sol calienta las calles de la ciudad; es martes, quizá miércoles... quien sabe.
Bashir había perdido la noción del tiempo por la falta de sueño y el estado de concentración en el que estaba sumido.
El último día lo había pasado apostado en una posición estratégica en el quinto piso de un edificio limítrofe al extrarradio de la ciudad.
Hacía ya varias horas que el rifle de francotirador de Bashir había pasado a formar parte de él, y no como una extensión de su brazo, si no de su mente, y de sus creencias.
Creía que le estaban invadiendo, que querían arrebatarle lo que era suyo y de sus hijos y hermanos, lo que era suyo y había sido de sus ancestros.
No le quedaba mucho más tiempo allí: los suministros se le acababan, empezaba a sentir que apuntar a una colina durante tanto tiempo era tedioso y tenía que volver a su casa a comprobar el estado de su familia.
A algo menos de kilómetro y medio, sobre una ladera asomaban dos montículos que se confundían entre la escasa vegetación y el color caqui de la arena.
- Pobre diablo, pensará que tiene alguna oportunidad. Estamos aquí desde hace un buen rato y aún no nos ha visto.
- Maybeth T-57, aquí patrulla, tenemos a un francotirador terrorista apuntando hacia un perímetro cercano a nuestra posición desde Foxtrot Jersey 14-92-41 y solicitamos permiso para atacar.
- Aquí Maybeth T-57, muchachos. Si tiene la mira cerca de vosotros, a delante. Corto y cierro.
El hombre de la radio la guardó y sacó sus prismáticos e intentó calcular la distancia a la que estaba su objetivo.
-Vamos, es hora de hacer nuestro trabajo, no te demores en el estudio del tiro. Quiero oir cómo ruge este M107.
-Dame un minuto Jack, solo un minuto.
El hombre que portaba el arma se llamaba Bill, y se había apuntado al ejército con diecisiete años, porque creía que era el deber de su país el brindar la libertad y la democracia a otros países que no las tenían.
Creía que su país era el ejemplo a seguir para el resto de naciones; un ejemplo de superación, de persistencia, de triunfo y gloria.
En Afganistán no había nada de eso, había un gobierno pésimo, un pueblo empobrecido y unos insurgentes que se oponían a la liberación del pueblo afgano. Era este último punto el que Bill no entendía. ¿Cómo podía alguien renunciar a todas las ventajas de la democratización y occidentalización de ese país?
Sería un gran beneficio a largo plazo para los afganos el aceptar la bondad y amistad del Tío Sam creía (o le habían hecho creer).
-Distancia del objetivo: mil quinientos cuarenta y tres metros; leves ráfagas de viento proveniente del este.
-Muy bien, Jack, déjame ajustar la mirilla y casi habremos terminado.
Bashir se incorporó y notó sus piernas entumecidas.
Cogió su mochila y encendió su viejo teléfono móvil.
-Tariq, hijo mío, ¿estáis bien?
-Papi, llevas muchos días fuera de casa, tenemos miedo. Mamá dice que no me preocupe, que tú siempre vuelves...
Bashir comenzó a deambular por el habitáculo mientras hablaba para que sus piernas volvieran a la normalidad.
-Volveré, hijo mío. Si ocurre algo malo u oyes algún ruido, ya sabes qué hacer. Ahora mismo estoy cerca de casa.
Una bala impactó contra la pared sur de la habitación.
Bashir se tiró al suelo y mientras él caía, el teléfono hizo lo mismo.
-¡Papá! -Se oyó desde el teléfono-.
Reptó hacia una pared derruida en la que previamente había estado apostado y pensó en qué hacer, y en por qué no había visto a nadie en todo el tiempo que había estado allí. Maldijo hacia sus adentros a los mil demonios que rondaban su cabeza.
Si salía en ese momento, esos bastardos pintarían la pared con su sangre.
No se le ocurrió nada mejor que rezar para encontrar el valor.
-Joder, Bill, ¿cómo cojones has fallado? Eres un tirador de élite de los Estados Unidos.
-Se ha levantado y ha empezado a moverse erráticamente, joder. Yo no tengo la culpa, has tardado demasiado en hacer el estudio de tiro, imbécil. Ahora no va a salir, ¿crees que sabe de donde viene el disparo?
-Ni de coña. Seguro que no.
Bashir se levantó de golpe y fue hacia la otra esquina de la habitación que ofrecía una mejor cobertura.
- ¡Dispara a ese condenado!
La bala impactó a menos de un metro de él.
Esta vez había podido ver la fuente del disparo y se arrastró hacia la esquina en la que había estado antes.
-Ese bicho atraviesa paredes, tío, ¿a qué esperas?
Así que Bill volvió a disparar, esta vez hacia el muro externo de la esquina y una vez lo hizo, esperó.
Bashir siguió avanzando y se movió a la habitación de al lado, que también daba a la colina y apuntó hacia ella.
-Creo que le has dado, amigo.
Entonces ellos oyeron un disparo y vieron el polvo saltar cerca de ellos, por lo que Bill apuntó hacia la fuente y disparó.
La bala viajó a toda velocidad e impactó en el pecho de Bashir, que abrió su caja torácica a la vez que él gritó.
-¡Bum! Tango abatido. Buen trabajo. Ese cabrón estaba escondido.
Dijo Jack con entusiasmo.
-Maybeth T-57, aquí patrulla. Tango abatido, cambio
-Aquí Maybeth T-57. Estupendo. Procedan a confirmar la baja y si hay alguna identificación en el cuerpo. Corto y cierro.
Jack y Bill bajaron de la colina hacia la ciudad y procedieron a ir hacia el edificio.
Diez minutos antes, el pequeño Tariq había salido corriendo de casa, no sin antes haber pasado por la habitación de Papá.
Cuando iba a doblar la esquina de casa escuchó el primer disparo y se asustó, pero se recordó a sí mismo que había que ser valiente, había que ser como su padre le había enseñado.
Conforme avanzaba hacia la casa de su tío, escuchó otro disparo, esta vez más cercano. Provenía de un edificio a dos manzanas de donde se encontraba.
Pensó que era su padre, así que se acercó aunque pudiera ser peligroso. Hay que ser valiente.
Cuando estaba en la entrada del edificio escuchó otro disparo, y ya subiendo las escaleras escuchó un cuarto y último disparo seguido del eco de un grito.
Su corazón se aceleraba a medida que pensaba en lo que ocurría.
No se detuvo; continuó subiendo las escaleras, mirando piso por piso, habitación por habitación en busca de su padre.
Jack y Bill llegaron al edificio y subieron hasta el quinto piso.
El primero llevaba un rifle de asalto e iba asegurando sus pasos, mientras que Bill llevaba una pistola y cubría la retaguardia a medida que se movían.
Cuando llegaron a la habitación vieron el cuerpo del terrorista destrozado, grabando una imagen muy cruda en su retina; más encrudecida aún si cabe por la presencia de un niño llorando a los pies del cadáver.
Bajaron sus armas y se acercaron a él intentando comunicarse de muy mala manera, pues no conocían el idioma.
-Joder, está al lado del tío que acabas de matar. ¿Qué edad puede tener? ¿Unos ocho años?
Jack silbó y el niño se giró hacia él, pues hasta entonces ni se había percatado de los dos soldados.
Jack le hizo el gesto de que se acercase y sacó una piruleta.
-Ven, chico, es tuya. Sólo para tí. Apuesto a que nunca las has probado -espetó con una sonrisa-.
El niño se acercó y cogió la piruleta entre lágrimas y dijo algo a los hombres, algo que no entendieron.
Abrazó a Jack mientras Bill contemplaba la tierna escena que tenía lugar a su lado.
-Vamos Bill, tú tambien tienes algún dulce. Dáselo al muchacho.
Tariq miró de reojo cómo el otro hombre se acercaba a él y esperó.
Cuando estaba justo a su lado, sacó lo que llevaba en el bolsillo.
-Mira, él también tiene algo para nosotros, Jack. Qué sorpresa.
Tariq sacó un pequeño cuchillo que llevaba y lo clavó en el cuello del hombre que tenía justo delante,el hombre con la pistola grande, que cayó al suelo emitiendo un leve quejido.
Antes de que Bill pudiera hacer mano de su pistola, el niño se tocó en la parte trasera de su pantalón y sonó un 'clic'.
Entonces abrió la boca y dijo algo que entendieron a la perfección.
-Valiente.
Alzó la granada sobre su cabeza y Bill -que había quedado petrificado por tal acción en un niño- comenzó a moverse.
Fue en vano.

OMG U FAKIN TERRORIST
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