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lunes, 15 de abril de 2013

Fuego & Agua

Cuando él la miraba, todo se volvía oscuro y se apagaba, pero ella permanecía ahí, reluciente, mientras su pelo bailaba para él alguna melodía perdida en el rincón más opaco del olvido. 
Su cara tenía una simetría envidiable, increíblemente perfecta, y que daba la impresión de que su rostro era una escultura en suave mármol blanco. Él no albergaba la más mínima duda de que cualquier escultor se pondría manos a la obra en el mismo instante en que la viera, de que cualquier musa griega moriría de envidia al verla y se haría añicos en el acto.

Pese a sus muchos intentos, él aún no había encontrado una manera coherente y con palabras para describir sus ojos ya que, se ahogaba en ellos.

 Sus labios le quitaban el aliento, apagaban el fuego más vivo que había en sus adentros (ella era su Agua).

Entre sien y sien tenía su voz, que resonaba en su cabeza con palabras ininteligibles, llamándolo, clamando atención a cada momento.

Cuando ya se sintió abrumado por el enjambre de pensamientos que recorrían su mente en aquellos instantes, lo cesó; dejó de pensar en palabras y cambió de lenguaje, cambió de medio. Pensaba que era la más dulce melodía tocada con un tacto y una destreza más que envidiables sobre el instrumento más delicado. Ella era  el agua que apagaba su fuego interior, ella era música,  así que, ¿qué mejor, si no, que hablarle en su propio dialecto? 




La música empezó a fluir y, sin más, él se alejó de  absolutamente todo lo que le rodeaba.

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