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domingo, 28 de abril de 2013

¿Quién es Michael Kaint?

Se despertó con resaca sentado en un vagón de tren, más bien lo despierta el revisor; ha llegado a la última parada y no le queda otra que bajarse, con ese maldito dolor de cabeza…
Le va a estallar, oye voces y ve flashbacks ininteligibles de la noche anterior, todo realmente borroso. 
Baja del tren y sus ojos encuentran una estación enana, realmente pequeña y cerrada, sin ni siquiera un reloj que indicase la hora. Y ahí está, con sus aires de tío duro, Michael Kaint, el puto cabrón de Mitch. Es de noche, pero va con sus gafas de sol para que nadie vea del todo su rostro, que denota al cien por cien de que hizo de todo las últimas veinticuatro horas excepto dormir (y porque Mitch era verdaderamente un tipo egocéntrico). 
Tenía el pelo algo desaliñado, entre corto y largo, castaño y repeinado. Sus ojos azules se esconden tras las lentes, marcados por unas ojeras muy profundas. 
La barba con un ligero tono pelirrojo le daba más carácter aún del que sus propios aires daban a ver. Llevaba puestos unos vaqueros, unas botas algo viejas y el antiguo abrio negro de su padre. Mira su macuto, su único compañero de viaje, y encuentra verdaderas maravillas dentro de él, al menos para una persona de su calaña. Michael Kaint creció desde muy pequeño ligado a la delincuencia y armando escándalo; no hay gran cosa más, novias, robos, algún intento de homicidio, un par de años en la trena... Y así hasta ahora, perdido en la última parada de algún lugar, en medio de ninguna parte. 
En el macuto encuentra todo un gran bolsillo repleto de dinero y más al fondo, entre los billetes, encuentra una Colt M1911 y automáticamente se la guarda entre la espalda y el pantalón con una sonrisa pícara. En otro bolsillo encuentra una cantidad considerable de drogas: setas alucinógenas, una bolsita de Speed, dos paquetes de tabaco, cocaína y algo de cannabis. Una puta maravilla. La lotería se quedaba corta; a él le había tocado el premio gordo varias veces. Cogió una pequeña bolsita blanca, la abrió y se llevó con la yema del dedo índice una dosis de polvo blanco hacia su nariz. Tras esto, logró despejar un poco su mente turbia.
Guardó todo de vuelta en su sitio y salió de la oscura esquina en la que estaba y fue hacia la calle dispuesto a buscar un sitio para pasar la noche y aclarar un poco las ideas.
Al tiempo de haber recorrido un buen tramo de trayecto encontró un hostal pequeño, con las luces encendidas y al parecer algunos habitantes borrachos de aquél pueblo perdido…

Entró por la puerta con un cigarro encendido y divisó un poco el panorama con su vista de águila, aturdida y embotada sin embargo por el sueño y el dolor de cabeza; necesitaba tranquilizarse un poco.
Tenía la garganta realmente seca, así que se acercó a la barra para pedir algo.

-Camarero, un whisky doble On The Rocks  -dijo alzando la vista sobre sus gafas mientras exhalaba una calada y dejó caer el macuto al suelo.
-No se puede fumar aquí, caballero, sería tan amable de…
-¡He dicho que me pongas un whisky, imbécil! -golpeó la mesa con el puño, gritando enrabietado al camarero, reclamando su bebida y casi tira varios vasos en el acto. Todos le miraron asombrados, pero al parecer un cliente que estaba quizá un poco borracho y con ganas de pelea optó por enfadarse por aquello. Mientras seguía gritándole al hombre tras la barra, el cliente se levantó remangándose y fue a pegarle a Mitch; grato error. Cuando el fornido cliente fue a golpearle, éste le agarró del antebrazo. Le retorció toda la extremidad hacia la espalda en un movimiento fugaz con el que acabó tirándolo al suelo para acabar pateándole la cara con su bota, literalmente. Todo se calmó; el camarero le sirvió su pedido y, enfadado por tener que armar tanto escándalo -cuando, con su resaca  él era al que más le molestaba dicho jaleo- Mitch lo bebió de un trago.
-         Quiero una habitación bonita, toma, apáñatelas -dijo con la voz calmada, como si no hubiera hecho nada de lo acontecido ni llevara una migraña de la hostia, y le deslizó un billete de 500 al camarero.Los pocos clientes que había en la barra se habían ido a sus casas o a alguna de las mesas de atrás para acabar sus consumiciones.  Él estaba dándoles la espalda a todos ellos mientras todo seguía en silencio; todas las miradas se clavaban en su nuca.
El camarero, calvo y de unos cuarenta y pocos, salió de la barra a toda prisa asintiendo, mudo de la impresión, y salió hacia el piso de arriba para preparar alguna habitación espaciosa.

Michael no tenía ni idea de qué le había ocurrido, pero no tardaría en ir descubriéndolo poco a poco, de manera drástica.

Sacó otro cigarro del paquete, lo encendió y entre el humo de este dijo sin girarse ni alterar mucho su voz (aunque lo dijo en un tono para que toda la sale le escuchase):
-¿Alguno de vosotros tiene la más remota idea de qué hora es y de dónde estoy? Esto parece el jodido funeral de alguien. 

De momento la noche no pintaba mal, al menos parecía que Mitch fuese a estar entretenido.

2 comentarios:

  1. No se si es lo de la taberna con habitaciones, la barba con el ''toque pelirrojo'', el tipo que viaja solo... pero me ha recordado bastante a El nombre del viento.

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    1. Pues eso lo escribí sin darle muchas vueltas a la cosa, la verdad. Me inventé un personaje y le fui desarrollando algo de trama, simplemente.

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